Los placebos pueden aliviar síntomas incluso cuando el paciente sabe que está tomando un placebo.
En varios ensayos, personas con síndrome del intestino irritable o dolor lumbar crónico mejoraron tras tomar pastillas claramente etiquetadas como placebo. Sabían que no había ningún fármaco activo.
¿Por qué es cierto?
El ritual del tratamiento, las expectativas y la atención del médico provocan cambios reales en el cerebro, incluida la liberación de los analgésicos propios del cuerpo. Un placebo no reduce un tumor, pero cambia de forma fiable cómo se sienten el dolor y las náuseas.
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