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La lista de deseos del amigo invisible: cómo pedir lo que de verdad quieres

· 6 min de lectura

La lista de deseos es la mejora más barata del amigo invisible. Qué poner en la tuya, cómo recopilares sin grupo de WhatsApp y qué decirle a quien dice no querer nada.

La mayoría de los regalos malos de amigo invisible no salen de la tacañería ni de la pereza: salen de adivinar. Alguien tiene cuarenta minutos en una tienda el día 22 y tiene que imaginarse la vida interior de una compañera con la que come dos veces por semana. Una lista de deseos elimina la adivinanza y es la mejora más barata que existe para cualquier grupo, oficina o familia.

Cómo es una lista de deseos que sirve

Una lista que ayuda a quien regala es concreta, corta y da permiso para gastar poco. Entre seis y diez cosas es la medida correcta. Más larga deja de ser lista y pasa a ser deberes.

  • Tres tramos de precio. Dos cosas cerca del mínimo del presupuesto, dos en el medio y dos cerca del máximo. Quien regala elige sin hacer cuentas ni sentirse tacaño.
  • Cosas con nombre, no categorías. "La taza de cerámica de la tienda de la esquina" gana a "cosas de cocina". Una categoría vuelve a poner la adivinanza donde estaba.
  • Al menos una cosa abierta. Algo como "un libro que creas que me gustaría" o "el bollo que más te guste de la panadería". Le da a quien regala algo que aportar, no solo algo que cumplir.
  • Un enlace cuando ayude. Página de producto, recogida sin cola, entrada imprimible. Todo lo que ahorre una búsqueda.
  • Un "por favor, no" breve. Dos líneas valen: colores que no te gustan, comida que evitas, cosas que ya tienes en triple. Es la parte que la gente salta y la que evita la mayoría de las decepciones.
  • Una cosa pequeña, por menos de cinco. Un buen recurso para quien va justo de dinero este año y un alivio para quien saque a un compañero a última hora.

Escríbela en primera persona y con tono ligero. Se lee mejor "esto lo usaría todos los días" que una ficha técnica.

Cómo recopilar los deseos sin grupo de WhatsApp

La versión que falla es que todo el mundo publique su lista en el grupo, porque entonces quien regala ve lo que quieren todos, quien recibe ve lo que pidió, y nadie se sorprende.

La versión que funciona es un enlace privado por persona, el mismo que lleva su asignado de amigo invisible. Cada uno añade tres o seis cosas que solo él ve, y quien regala recibe la lista en el momento del sorteo. Quien organiza no ve ni las parejas ni las listas, y eso es lo que mantiene todo limpio.

Para eso está el cuestionario de amigo invisible: un formulario corto pegado al enlace de cada participante, de modo que los deseos llegan al mismo sitio que el sorteo. Si el grupo es pequeño y de confianza, basta una línea en la invitación ("pon dos o tres cosas en tu enlace antes del viernes"), que funciona mejor que cualquier hoja de cálculo.

Cómo pedirlo, con palabras que puedes copiar

La forma en que lo pides decide si la gente lo rellena. Corto, con fecha y diciendo qué pasa con la lista.

En la oficina: "Este año añadimos lista de deseos para que nadie tenga que adivinar. Pon dos o tres cosas en tu enlace privado antes del viernes, de 5 a 20 euros. Solo las verá quien te compre."

En la familia: "Antes de sortear los nombres, cada uno añade unas cosas que usaría o comería de verdad, incluidos los peques. Solo las ve quien compra, y no, no puedes ver quién te ha tocado."

En un grupo que lleva años con esto: "Este año hay lista de deseos. No porque los regalos fueran malos, sino que prefiero de verdad lo que pido a otra vela. Cinco minutos, hasta el viernes."

Lo que más sube el porcentaje de respuestas son dos cosas: una fecha concreta y la promesa explícita de que la lista no es pública.

Para quien dice que no quiere nada

Es el participante más difícil, y el "nada" suele ser cierto: no quiere parecer codicioso, o de verdad no lo sabe. No discutas. Pregunta otra cosa.

  • "¿Qué te comprarías tú y nunca lo haces?" Esa es la lista, y casi siempre cuesta menos de veinte.
  • "¿Qué se gasta en tu casa?" Café, aceite, jabón, pilas, esa salsa. Los consumibles son el regalo más seguro que existe.
  • "¿Qué no te comprarías porque es una tontería?" Calcetines con dibujo, un lápiz bueno, una lámpara pequeña. La tontería es el objetivo.
  • "¿Qué te falta o se ha roto?" La taza buena que no tienes, el trapo de cocina con chiste, un gancho para la puerta.
  • Ofrece una experiencia. Un curso, una entrada, un café contigo. Nada que guardar, nada que cambiar.

Si aún así se niega, pon una línea en su enlace igualmente: "cualquier cosa comestible, y mejor sin regaliz". Eso ya es una lista, y la usarán.

Peques, adolescentes y tu jefe

Las listas de niños se piden a la madre o al padre y se dejan cortas, con una cosa que pase un poco el presupuesto para que quien regala pueda elegir o sustituir. Los adolescentes casi nunca escriben una lista, pero guardan sin problema tres enlaces en una carpeta compartida si la montas una vez; pídeles tres enlaces y un "por favor, no" en lugar de un párrafo.

Con un responsable o alguien de más rango, quédate deliberadamente modesto: dos consumibles y una cosa pequeña, nada que parezca un intento de ascenso, y sin escribir el precio en la nota. La misma regla vale para cualquier persona a la que no conozcas bien: baja el número y sube la concreción.

Cómo leer la lista cuando regalas tú

La lista son sugerencias, no un pedido. Elige una cosa, en el centro del presupuesto salvo que la lista deje la elección obvia. No anuncies cuál elegiste y no pidas confirmación a quien recibe: es la manera más rápida de cargarte la sorpresa y hacerle sentir dependienta.

Si no te convence nada, compra la cosa abierta o algo parecido a ella. Los mejores regalos de una lista son los que quien regaló entendió, no los que simplemente obedecieron. Un detalle extra, una tarjeta con dos líneas escritas a mano, no cuesta nada y suma más que la diferencia de precio.

Lo que estropea una lista de deseos

  • Una sola cosa. Si no hay stock, quien regala vuelve a adivinar.
  • Sin tramo de precio. Un deseo no es un presupuesto. Di en qué banda está.
  • Cuarenta cosas. Las listas largas se leen por encima, y lo que se salta es justo lo que querías.
  • Sin "por favor, no". De ahí salen las velas feas.
  • Tener que explicarla. Si tienes que contar la lista, es demasiado larga.

Bien hecha, una lista de deseos no vuelve el amigo invisible menos personal. Mueve la adivinanza al único sitio donde tiene sentido: cuál de las tres cosas que pediste elegir, y qué escribir en la tarjeta.

Si aún no habéis sorteado, aquí está el generador que manda a cada persona su enlace privado, y aquí explico cómo funciona el sorteo si alguien del grupo pregunta si es justo. Para ideas con un presupuesto fijo, el generador de amigo invisible tiene sugerencias ordenadas por precio.

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