El diamante y el grafito de un lápiz son ambos carbono puro.
La única diferencia es cómo están dispuestos los átomos. En el diamante cada átomo se une rígidamente a cuatro vecinos en una red tridimensional; en el grafito forman láminas planas que se deslizan unas sobre otras, y por eso el lápiz escribe.
¿Por qué es cierto?
En la superficie terrestre, el diamante es en realidad la forma menos estable y se transforma lentísimamente en grafito, demasiado despacio para notarlo. Los diamantes se forman bajo presiones enormes en el manto y suben con las erupciones volcánicas.
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