Los gemelos idénticos comparten el ADN, pero tienen huellas dactilares distintas.
Las crestas de las huellas se forman en el útero entre la décima y la decimosexta semana. Los genes fijan el patrón general, pero los detalles finos dependen de pequeñas diferencias de presión, posición y crecimiento.
¿Por qué es cierto?
Esa aleatoriedad es lo que hace útiles las huellas para identificar personas: hasta los dos pulgares de una misma persona son diferentes. Además, las huellas no cambian desde antes de nacer hasta la muerte.
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