La miel no se echa a perder. Se han encontrado tarros comestibles en tumbas del antiguo Egipto.
Los arqueólogos han hallado miel sellada de miles de años que seguía en perfecto estado. Bien guardada, la miel puede cristalizar, pero no se estropea.
¿Por qué es cierto?
La miel es un 80 % azúcar y tiene muy poca agua, así que las bacterias y levaduras no pueden crecer en ella. Además es ligeramente ácida y contiene algo de peróxido de hidrógeno producido por enzimas de las abejas.
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Los datos sobre comida viven donde se cruzan la biología, la química y la historia. Una fruta que técnicamente es una baya, una especia que valió más que la plata, un dulce que no caduca en un tarro cerrado: casi siempre la explicación está en el azúcar, el ácido, el agua y los siglos que llevamos moviendo plantas por el planeta. Cada entrada explica el mecanismo en lenguaje llano y enlaza su fuente.